Las Tres CarasToda gran obra tiene varias caras: la que mira al pasado, la que mira al presente, y la que mira al futuro.Qué Escuela QueremosHacia fines de los 50’, los hijos de la primera generación de inmigrantes comenzaban a formar sus familias. Eran hombres y mujeres casados, más o menos en las mismas edades, con niños en cuya educación había que empezar a pensar. Las escuelas judías de la época – todas a tiempo parcial y llamadas “complementarias” – no satisfacían nuestras necesidades. Aspirábamos a algo diferente.Formábamos parte de una barra de amigos, un grupo de parejas de nuestra edad que solíamos invitar a figuras reconocidas de la comunidad judía para hablar de temas candentes de la sociedad. Había “hambre” de saber y discutir, y ése ámbito nos venía como anillo al dedo.En los últimos días de julio de 1958, el invitado de turno fue el entonces Embajador de Israel, Don Itzjak Harkavi. Los memoriosos quizás recuerden la formación de aquel ilustre Embajador: había sido maestro en las colonias del Baron de Hirsch en Entre Ríos, y era en esencia un hebraísta y un yidishista de alto vuelo. Era un hombre que al tiempo que irradiaba el más profundo “yidishkait”, era dueño de una vasta cultura, judía y universal. Pero Harkavi también era un pedagogo. Y la referencia no es ociosa.Terminado su discurso Harkavi invitó a los asistentes — unas 30 o 40 personas — a hacer preguntas, plantear inquietudes, expresar deseos. Su intervención había tocado un nervio sensible en aquel público que hoy siento idealista y pionero: la educación judía.Como un solo hombre y al unísono, dimos rienda suelta a algo que de alguna manera planeaba en el sentir de todos: una Escuela Integral.Entre los presentes había ingenieros, ingeniero-químicos, abogados, y hombres y mujeres de la más diversa ocupación. Pero no recuerdo que entre ellos hubiese pedagogo alguno. Excepción hecha del disertante. Harkavi fue quien dio los primeros pasos. Sus palabras resuenan en mis oídos aún al día de hoy: «Ante todo, sepamos qué escuela queremos”. No había mayores vacilaciones: todos queríamos una escuela judía, sionista y tradicional, y sobre todo, identidad judía. Si algo hoy me sorprende, es que hayamos llegado a un acuerdo sobre temas tan esenciales en un abrir y cerrar de ojos y sin discusión alguna. Teníamos convicciones firmes.Difícil olvidar el lugar donde se desarrolló aquel encuentro: Francisco Llambí 1551. Era mi casa.Los Primeros PasosDe inmediato se formó una Comisión de Padres que asumió el compromiso que la hora reclamaba. Nos dividimos las primeras tareas: aprobación por el Instituto de Enseñanza Primaria; coordinación con el Vaad Hajinuj de la Kehilá, sin el cual no podíamos empezar, identificación de un local apropiado. La redacción de los estatutos que regirían los principios fundamentales del Instituto corrió de cargo de mi esposo, el Dr. Nahum Bergstein Z»L, que era abogado. Entiendo que en lo sustancial esos estatutos se mantienen en vigencia al día de hoy. Los hijos de aquellas parejas fueron los conejillos de indias de aquella aventura. Necesitábamos un número mínimo de alumnos para arrancar. Convinimos también en algunos postulados fundamentales: directivas casi “scouticas” en el comportamiento. Vestimenta igual que a la de los las escuelas públicas: túnica blanca y moña azul. Maestros y Directores judíos. Aquí no podemos continuar sin recordar el esfuerzo (titánico) y la labor de la Primera Directora General: Maestra Rosa Katz. Para albergar aquel emprendimiento se alquiló un espacio sin mayores pretensiones. El local de 21 de Setiembre fue suficiente para albergar a los primeros 70 alumnos.Y un tema no menor: la financiación. Esta provendría de los organismos “madre”, de las cuotas asignadas a los fundadores, y de aquellos que entendieran y se identificaran con la causa y quisieran hacerlo. Vienen a mi memoria algunos nombres: Chil Rajchman (Z’L) , José Haymann (Z’L) y Felipe Levinson (hasta los 120).Se formó una Comisión de Madres que con igual entusiasmo se lanzó a la tarea de conseguir los primeros alumnos inscriptos. El desafío era «hacer niños» para la escuela. Y lo hicimos con los más inverosímiles argumentos, programas de radio y TV, festivales, y, sobre todo, un empuje y una motivación que no dejan de conmoverme. El día que los alumnos de primer año cantaron los himnos nacionales de Uruguay e Israel, no lo podía creer. Lo habíamos conseguido.El número de alumnos creció rápidamente. Alquilamos el edificio de enfrente para dar cabida al caudal de alumnos que crecía sin pausa y que por entonces ya eran suficientes para un tercer año, a tiempo completo y almuerzo incluido. El primer almuerzo lo preparamos y los servimos las Madres. No mucho tiempo después surgió la oportunidad de adquirir la sede de entonces del British School, que se iba a otro barrio. Necesitábamos los recursos. (Nosotros nunca tuvimos subvenciones gubernamentales de otros países). Los padres que conformaban la Dirección de la Escuela se hicieron personal y solidariamente responsables. Para la firma de la Escritura de Compraventa fue designada la Esc. Margarita Fogel de Steinberg (que renunció al cobro de sus honorarios).__________Esta es la historia relatada por una de las mujeres que dio de sí para la realización de un sueño. Tal vez sus recuerdos estén distorsionados por la idealización y el paso del tiempo. Pero sin duda, esta fue la tarea más gratificante de su vida.He aquí las tres caras del comienzo: el pasado fuimos nosotros en mi casa de la calle Llambí donde decidimos crear la escuela. El presente son ustedes, 50 años después; y el futuro son vuestros hijos y los hijos de sus hijos, que dentro de 50 años evocarán este momento.
Las Tres Caras
13/May/2012
CCIU, Copredi (texto gentileza de la Esc. Nelly Kleckin de Bergstein)